La escritora y profesora Cristina Ruiz Guerrero ha presentado en Santander Florezcan azules las hortensias, un poemario nacido de la experiencia vivida durante la enfermedad de su hija y que utiliza la poesía para abordar los trastornos de la conducta alimentaria, el sufrimiento de las familias y el proceso de recuperación.
La obra comenzó a tomar forma en 2018, coincidiendo con el ingreso de su hija en un centro especializado. En aquel momento, Ruiz Guerrero residía en Francia y encontró en la escritura una forma de enfrentarse a una situación que le resultaba difícil de comprender y gestionar.
La autora ha rechazado, sin embargo, que el libro pueda reducirse a un simple ejercicio de desahogo. Según ha explicado, el proceso de escritura le permitió reflexionar, tomar distancia y buscar una estructura literaria con la que transformar una experiencia personal en una obra poética.
El poemario sigue prácticamente el recorrido de la enfermedad. Una primera parte se centra en la identificación del trastorno, mientras que la segunda aborda el ingreso en un centro especializado y el camino hacia la recuperación.
Las hortensias azules aparecen como un elemento recurrente a lo largo de la obra y terminan convirtiéndose en un símbolo de esperanza. La autora ha explicado que estas flores están vinculadas a la etapa que vivió en Bretaña mientras su hija permanecía ingresada en Sevilla, adquiriendo progresivamente un significado propio dentro del libro.
Ruiz Guerrero ha incidido además en la necesidad de desmontar algunos de los estereotipos asociados a los trastornos de la conducta alimentaria. Ha defendido que la anorexia, la bulimia o el trastorno por atracón no pueden explicarse únicamente por la presión estética o por el deseo de alcanzar un determinado cuerpo.
Durante la presentación, ha insistido en que detrás de estos diagnósticos pueden existir circunstancias muy diferentes y ha señalado que reducirlos a una única causa impide comprender la complejidad de estas enfermedades.
En este punto ha coincidido la psicóloga Marisa Maza, que también ha participado en el acto. Maza ha explicado que limitar los TCA al deseo de adelgazar supone quedarse en la superficie del problema y ha apuntado a la necesidad de analizar tanto el contexto social como las circunstancias personales y familiares de cada caso.
La psicóloga ha puesto también el foco en otro de los estereotipos asociados a estas enfermedades: la apariencia física. Según ha explicado, una persona con anorexia u otro TCA no tiene por qué presentar necesariamente un cuerpo extremadamente delgado, por lo que la imagen externa no permite determinar por sí sola la existencia de un trastorno.
Cristina Ruiz Guerrero reclama más recursos públicos y atención especializada para los TCA
Otro de los asuntos abordados durante la presentación ha sido la atención sanitaria. Cristina Ruiz Guerrero ha relatado las dificultades que encontró su familia para acceder a un tratamiento especializado y el elevado coste que llegó a suponer la atención privada.
A partir de esa experiencia, la autora ha defendido la necesidad de reforzar los recursos públicos destinados a los trastornos de la conducta alimentaria y a la salud mental.
Marisa Maza ha coincidido en esta reclamación y ha señalado que determinados procesos requieren un seguimiento que no siempre puede limitarse a una consulta semanal. También ha advertido de que las dificultades económicas pueden impedir a algunas familias acceder al tratamiento que necesitan.
La relación con la comida ocupa además un lugar central en el proceso descrito por Ruiz Guerrero. La autora ha explicado que su hija sufrió durante años problemas digestivos antes de recibir el diagnóstico de celiaquía y ha reivindicado la importancia de no separar estas cuestiones físicas de la realidad de los trastornos alimentarios.
Maza ha señalado asimismo que determinadas patologías digestivas pueden condicionar la relación de una persona con la comida, especialmente cuando el diagnóstico tarda en llegar y la ingesta comienza a asociarse con dolor o malestar físico.
La presentación ha servido también para reivindicar la necesidad de hablar de estas enfermedades sin culpabilizar a las familias. La psicóloga ha explicado que la culpa suele aparecer con fuerza al comienzo del proceso y ha defendido que debe sustituirse por una mirada centrada en comprender qué está ocurriendo y qué puede hacerse para ayudar.
Ruiz Guerrero ha señalado que la publicación del poemario responde también a una petición de su propia hija, que insistió en la necesidad de sacar a la luz la experiencia y utilizarla para dar visibilidad a los TCA.
La autora ha reconocido que volver sobre aquellos poemas le genera preocupación y angustia, aunque también ha destacado las respuestas que ha recibido de personas afectadas y familiares desde que el libro comenzó a presentarse.
Entre esas experiencias, ha relatado que algunas jóvenes con anorexia que recibieron el poemario le trasladaron que se habían sentido identificadas y que habían encontrado en sus páginas un mensaje de esperanza.
La obra plantea así un recorrido que parte del dolor y la incomprensión y avanza hacia la recuperación. Ruiz Guerrero ha insistido en que su hija ha conseguido recuperarse y ha querido que el libro sirva también para transmitir que es posible salir de un trastorno alimentario.
Durante el encuentro, la autora reclamó igualmente una mayor atención especializada en centros educativos y sanitarios y defendió que la detección y el acompañamiento de estos trastornos requieren profesionales con preparación específica.
La presentación contó además con la participación de María Toca, que destacó el valor literario del poemario y la capacidad de Cristina Ruiz Guerrero para transformar una experiencia especialmente dolorosa en una obra de poesía con un recorrido marcado también por la esperanza.


















