Expertos de seis países se reúnen en Santander para adaptar políticas regionales a los nuevos modelos tecnológicos.
El Gobierno de Cantabria, a través de la Consejería de Industria, Empleo, Innovación y Comercio, ha acogido esta semana en Santander un encuentro del proyecto europeo CODIL. Durante las jornadas, expertos de seis países (España, Eslovenia, Finlandia, Rumanía, Francia e Irlanda) han compartido experiencias para fomentar un entorno más innovador y competitivo, con el objetivo de mejorar la vida de las personas mediante la adaptación de las políticas de innovación a los nuevos modelos tecnológicos y laborales.
El proyecto CODIL, que cuenta con una inversión de 1,13 millones de euros y está cofinanciado por el programa INTERREG EUROPE a través del Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER), tiene vigencia hasta mayo de 2027. Busca mejorar las políticas de innovación regionales para apoyar modelos emergentes de equipos de trabajo distribuidos, centrados en trabajadores del conocimiento móviles y altamente cualificados.
Durante el encuentro, se abordaron las formas en las que la innovación digital y el desarrollo de competencias regionales en tecnologías disruptivas impactan en los ecosistemas de innovación. Los socios destacaron la necesidad de adaptar las políticas públicas para responder eficazmente a estos desafíos y aprovechar las oportunidades que ofrecen las nuevas tecnologías.
El evento incluyó reuniones de trabajo en el edificio Xtela del PCTCAN y visitas a instalaciones como AMPROS e IH Cantabria, donde se presentaron proyectos sociales y científicos vinculados a la innovación y las TIC.
Además del Gobierno de Cantabria, participan en CODIL instituciones como la Universidad de Ljubljana (Eslovenia), Udarás en Gaeltachta (Irlanda), el Consejo Regional de Ostrobotnia del Sur (Finlandia), la Agencia de Desarrollo Regional de Rumanía Occidental (Rumanía) y el Polo Tecnológico Laval Mayenne (Francia).
El proyecto pretende posicionar a las regiones europeas a la vanguardia de la innovación mediante la creación de políticas adaptadas a los cambios en el trabajo y la tecnología. Según los participantes, la colaboración internacional es clave para avanzar en esta dirección, permitiendo unir fuerzas y compartir buenas prácticas.

















