El Ciclo de Conferencias sobre Prehistoria de Puente Viesgo examinará este miércoles 29 de julio la simbología de las manos pintadas en negativo en el Paleolítico en numerosas cuevas prehistóricas, en una ponencia de Olga Sapey, doctora en Prehistoria de la Universidad de Burdeos.
Sapey será la quinta conferenciante invitada este año por la Sociedad de Amigos de las Cuevas del Castillo en la trigésimo sexta edición del Ciclo de Puente Viesgo, que prosigue con su calendario de 2026 con conferencias todos los miércoles hasta el próximo 30 de septiembre, todas ellas en el Centro de Arte Rupestre (CAR) de Cantabria y a partir de las 19:30 horas.
La conferencia de Sapey, «La lógica simbólica del espacio decorado: Una lectura espacial de manos negativas paleolíticas», sucede a la impartida por Alfredo Prada Freixedo sobre los problemas actuales y los desafíos futuros de la conservación de la Cueva de Altamira.
Prada, conservador y restaurador del Museo de Altamira, repasó la historia del régimen de visitas a la Cueva de Altamira hasta el sistema actual de cinco visitantes cada semana, con una permanencia de 37 minutos en la cavidad, tras exponer los principales problemas detectados para su conservación.
«Entre 1960 y 1970 accedían a la cueva 200.000 visitantes al año, lo que provocó un deterioro en las pinturas y el primer cierre de la cueva en 1977 por un aumento de la temperatura, una disminución de la humedad relativa y un incremento significativo de los niveles de dióxido de carbono en la sala de policromos», recalcó el ponente.
«El ciclo de Prehistoria de Puente Viesgo acerca nuevas investigaciones al público»
«Se reabrió en 1985 con un régimen de visitas de 8.500 personas al año hasta cerrarse de nuevo la cueva en 2002 por la presencia de cianobacterias en la superficie interior del techo debido a la iluminación», prosiguió Prada en su repaso cronológico de las visitas a Altamira, tras precisar que «ya no hay iluminación fija dentro de la cueva».
El conservador y restaurador del Museo de Altamira detalló las líneas de investigación aplicadas para minimizar el impacto del deterioro de la Cueva de Altamira «que es constante y permanente» y aclaró que en la actualidad hay un plan de conservación preventiva realizado por un equipo multidisciplinar.
Problemas y detección de procesos degradantes
El ponente aludió a problemas geológicos estructurales, hidrogeológicos, ambientales y biológicos en la conservación de la cueva descubierta por Marcelino Sanz de Sautuola en 1880 y destacó la importancia de «reconocer la acción de los procesos naturales que han producido pérdidas más o menos acusadas en la degradación del arte rupestre».
Prada subrayó que «las transformaciones generadas por la acción antrópica y por las visitas masivas han acelerado los procesos de deterioro» y apostó por «estrategias de conservación encaminadas a mantener el ambiente interno lo más estable posible».
«Nuestra actuación se está orientando en determinar la velocidad de los procesos de alteración e intentar ralentizarlos», comentó el conservador del Museo de Altamira, que afirmó que «ante un bien tan frágil donde cualquier acción puede alterar el equilibrio, desplazándolo en el sentido menos favorable para la conservación, no cabe otra actuación que el respeto absoluto y la mínima intervención necesaria».

















