Alba Cano, presidenta de Charcos y Semillas, presentó este jueves en Santander el proyecto Rao Hiri y expuso las carencias que la asociación encuentra en comunidades rurales e indígenas de Perú
La presidenta y fundadora de Charcos y Semillas explicó en el Ágora Solidaria Cultura y Memoria Luis Toca el trabajo que la organización desarrolla en la región peruana de Ucayali, donde combina atención sanitaria, programas educativos y actuaciones de apoyo comunitario.
Uno de los principales problemas señalados por Alba Cano es la distancia entre disponer de una infraestructura sanitaria y contar realmente con medios para atender a la población. «¿De qué me sirve un edificio si no mandas un sanitario y no mandas material?», planteó durante su intervención.
Como ejemplo, se refirió a Santa Elisa, en Masisea, donde relató que durante un periodo existía un puesto de salud pero no había personal ni vacunas, pese a contar con equipamiento para conservarlas. Cano aseguró también que en otras comunidades faltan instrumentos tan básicos como básculas, tensiómetros o cintas métricas.
Estas dificultades afectan, según explicó, al seguimiento de embarazos y a la detección de posibles complicaciones, y se agravan en asentamientos de zonas inundables donde tampoco existe acceso regular a agua corriente. La presidenta de Charcos y Semillas mencionó además problemas vinculados al dengue, la malaria y las dificultades para diagnosticar y seguir determinados casos de tuberculosis.
Alba Cano cifra en 1.248 las atenciones sanitarias realizadas durante 2025
Charcos y Semillas realizó 1.248 atenciones sanitarias durante 2025. El 65% de las personas atendidas fueron mujeres y casi la mitad de los pacientes tenían menos de 15 años, de acuerdo con los datos expuestos durante la presentación.
Entre los problemas detectados con mayor frecuencia figura la anemia. Cano explicó que afecta tanto a niños como a niñas y destacó su presencia entre mujeres en edad fértil. La asociación utiliza los resultados de estas campañas para determinar dónde concentrar actuaciones posteriores y qué comunidades presentan mayores necesidades.
La organización desarrolla también el proyecto «Vidas de Peso», dedicado a la atención neonatal. Entre sus actuaciones se encuentra el traslado de incubadoras fabricadas mediante impresión 3D y la reparación de equipamiento previamente instalado. Cano subrayó que disponer del material no basta si no existen profesionales preparados y continuidad en su utilización.
El trabajo de Charcos y Semillas va más allá de la asistencia médica. La asociación mantiene proyectos educativos y de apoyo comunitario, entre ellos la Casa de la Cultura Charcos y Semillas en Navarriada, en Manantay, y participó durante el año pasado en la construcción de una escuela.
Cano insistió especialmente en la necesidad de dar continuidad a los proyectos. «Un proyecto sin continuidad y sin fondos establecidos y un objetivo claro a largo plazo no hace nada», afirmó. También advirtió de las dificultades que supone intervenir sin un conocimiento suficiente del contexto social y cultural de cada comunidad.
Para 2026, Rao Hiri contempla nuevas campañas médicas, formación de profesionales sanitarios locales, seguimiento de pacientes, apoyo a comunidades indígenas y mantenimiento del equipamiento instalado en campañas anteriores. La asociación prevé igualmente reforzar sus programas educativos y sociales y avanzar hacia una mayor participación de las propias comunidades en la continuidad de los proyectos.


















