Una investigación internacional reúne casi dos décadas de estudios sobre el ámbar de El Soplao y muestra su valor para reconstruir la biodiversidad y las relaciones ecológicas del Cretácico Inferior.
El ámbar de El Soplao conserva información sobre los organismos y el funcionamiento de los bosques que ocupaban este territorio hace unos 105 millones de años. Un nuevo trabajo publicado en Journal of the Geological Society sintetiza los principales resultados obtenidos desde el descubrimiento del yacimiento y lo sitúa entre los depósitos europeos más relevantes para estudiar la vida terrestre del Cretácico Inferior.
La investigación está liderada por Alba Sánchez-García, del Departamento de Botánica y Geología de la Universitat de València, y cuenta con la participación de Enrique Peñalver, del Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC); Xavier Delclòs, de la Universitat de Barcelona, y Ricardo Pérez-de la Fuente, del Oxford University Museum of Natural History.
La conservación de organismos atrapados en la resina ha permitido a los investigadores estudiar no solo su anatomía, sino también algunas de las relaciones que mantenían entre sí. El trabajo recoge evidencias de depredación, parasitismo, mutualismo y comensalismo, además de interacciones entre artrópodos y plantas y entre artrópodos y vertebrados.
Entre los comportamientos documentados destaca el de algunas larvas de neurópteros, que transportaban restos vegetales y otros materiales sobre el cuerpo para camuflarse frente a depredadores y presas. Estas evidencias permiten aproximarse a comportamientos difíciles de conservar en otros tipos de fósiles.
El estudio aborda además el momento evolutivo en el que se desarrollaron estos ecosistemas, coincidente con la expansión de las plantas con flor y con transformaciones importantes en la biodiversidad terrestre durante el Cretácico.
El ámbar de El Soplao ha revelado más de 1.500 inclusiones de artrópodos
Las investigaciones realizadas en el yacimiento han permitido recuperar más de 1.500 inclusiones de artrópodos e identificar 40 especies, la mayoría descritas por primera vez para la ciencia. Muchos de los ejemplares conservan estructuras microscópicas que ayudan a reconstruir aspectos de su anatomía, biología y ecología.

El artículo incorpora también dos reconstrucciones realizadas por el paleoartista J. A. Peñas bajo la supervisión de los investigadores. Una de ellas recrea a la larva del neuróptero Hallucinochrysa diogenesi con los restos vegetales que utilizaba como camuflaje, considerado uno de los ejemplos más antiguos conocidos de este comportamiento.
La segunda reconstrucción representa el entorno en el que se originó el depósito de ámbar. El trabajo plantea un bosque productor de resina sometido de forma recurrente a incendios forestales, circunstancia que habría favorecido la producción y acumulación de resina, junto a un ambiente pantanoso en el que posteriormente quedó enterrada.
La investigación destaca que este tipo de conservación permite estudiar episodios concretos de la vida de aquellos ecosistemas que difícilmente quedarían registrados mediante otros procesos de fosilización.
El yacimiento de El Soplao salió a la luz durante las obras de una carretera y fue descubierto en 2007 por dos científicas del IGME. Desde entonces, los estudios desarrollados sobre su ámbar han ido ampliando el conocimiento sobre los organismos que habitaban los bosques del Cretácico Inferior y sobre las relaciones que mantenían entre ellos.


















