El Ayuntamiento de Miengo inaugurará el próximo 8 de agosto, a las 19:30 horas, «La Memoria Infiel», una exposición individual de la artista cántabra afincada en Madrid Concha García, que reunirá en la Sala de Arte Robayera diferentes series de la artista y su último trabajo —presentado recientemente en la Bienal de Malta— en torno a la memoria, los objetos, el paisaje, el viaje y la pertenencia.
La muestra será la primera exposición individual celebrada en Robayera tras la reforma realizada por el Ayuntamiento de Miengo, una intervención que ha permitido ampliar la sala hasta alcanzar una superficie expositiva de 150 m². Concha García ocupará la totalidad del espacio renovado con esculturas, instalaciones, cerámicas, vídeo e impresiones sobre papel antiguo y papel japonés, algunas de ellas presentadas pocos meses atrás en el Pabellón de España de la Bienal de Malta 2026, en el Port San Telmo de La Valeta, lo que supone la oportunidad de ver su último trabajo en España.
La ampliación hace posible abordar el trabajo de la artista desde una perspectiva extensa, estableciendo relaciones entre obras de distinta naturaleza y ofreciendo un amplio recorrido que facilita obtener una visión panorámica de la obra de Concha García. Con esta actuación y la continuidad de su programación, el Ayuntamiento de Miengo refuerza su compromiso con la creación contemporánea y consolida la nueva etapa de la Sala de Arte Robayera, dando continuidad a la trayectoria desarrollada por este espacio municipal desde hace casi cuatro décadas.
La exposición, comisariada por Laura Cobo, forma parte de las cuatro exposiciones que compondrán la temporada 2026 de la Sala Robayera este verano.
La memoria como materia
«La Memoria Infiel» parte de una certeza íntima y compartida. La memoria nunca devuelve intacto aquello que guarda. Selecciona, desplaza y transforma; borra algunos fragmentos y concede a otros una intensidad que quizá nunca tuvieron. Su infidelidad no aparece en la obra de Concha García como una carencia, sino como una forma de supervivencia y, en ocasiones, de cuidado.
En palabras de Fernando Zamanillo, autor de uno de los textos del catálogo, la memoria es infiel porque la vida lo es. El crítico destaca que Concha García, en cambio, permanece leal a la memoria; busca reconciliarse con ella a través del conocimiento, la emoción y el afecto, recomponiendo y recreando los objetos y fragmentos del pasado.

La artista trabaja con objetos vividos, materiales próximos y restos vinculados a la experiencia familiar. Los recoge, clasifica, reproduce y transforma, no para reconstruir una historia cerrada, sino para ofrecerles otra forma de permanencia. El objeto despierta la memoria y la memoria modifica el objeto; ambos se adaptan y vuelven a organizarse como si compartieran una misma plasticidad.
«La Memoria Infiel invita a recorrer el recuerdo desde el arte contemporáneo»
En las obras reunidas en Robayera aparecen prendas, manteles, tejidos, moldes, soperas, piedras, papeles y otros elementos procedentes del ámbito cotidiano. Muchos han perdido su función original; sin embargo, no quedan vacíos. Conservan huellas, afectos y silencios; permanecen a la espera de una mirada capaz de activar nuevamente cuanto contienen.
La exposición avanza entre la presencia y la desaparición. Las piezas parecen surgir lentamente de una veladura y conservar la posibilidad de volver a ocultarse. Se muestran incompletas, frágiles y rodeadas por un halo que impide recuperar la totalidad, del mismo modo que los recuerdos regresan transformados por el tiempo.
Las vasijas del silencio
Una de las series centrales de la exposición es «Las vasijas del silencio». En ella, la artista retoma moldes antiguos localizados en un alfar de Portillo (Valladolid). Concha García reinterpreta y adapta el concepto de vasija, rompiendo la narrativa fija, idéntica y seriada de las superficies originales que se producían a partir de esas formas. De esa forma, en sus vasijas reestructura el discurso —en ocasiones histórico— para convertirlas en nuevas narrativas más ligadas al discurso plástico y a su personal interpretación de la memoria.
Su forma encierra una de las aspiraciones más antiguas del ser humano: preservar aquello que considera necesario para la vida y hacerlo llegar más allá del presente. Las piezas de Concha García se vinculan con esa tradición, aunque no sepamos qué custodian. Su interior permanece oculto y su volumen se convierte en una promesa. Son cuerpos cerrados, modelados y cubiertos por relieves que proceden de antiguos moldes encontrados en el desván de Portillo.
Moldes que habían permanecido olvidados durante décadas, conservando la impronta de un oficio transmitido durante generaciones. La artista los recupera y los traslada al presente sin borrar su procedencia, relatando un nuevo discurso. En cada nueva vasija queda algo de quienes modelaron antes otros barros, aunque sus nombres y sus vivencias se hayan perdido.
El silencio al que alude el título de la serie no habla necesariamente de vacío. Puede contener las voces que ya no escuchamos y cuya huella continúa adherida a los objetos. En estas vasijas, la tradición artesanal se encuentra con el pulso de la creación contemporánea; un pasado que no se reproduce, sino que se transforma.
Inventariar una vida
Otro de los grandes núcleos de la exposición es “El resto de los días”, una investigación desarrollada por Concha García a partir de su propia experiencia al enfrentarse al vaciado de la residencia de su familia. La artista reúne y ordena por lotes aquello que permanece, como quien intenta introducir cierta claridad en una memoria que se resiste, en cierto modo, a ser archivada. Ordenar, clasificar, reproducir y componer nuevas formas a partir del recuerdo.
Inventariar una vida es, sin embargo, una tarea imposible. Siempre queda algo fuera; un gesto, una conversación, una vivencia cuyo valor solo comprendemos cuando ya ha pasado. Concha García no trata de ocultar esa imposibilidad, sino que trabaja desde ella.
Los tejidos se impregnan de porcelana, el barro recibe la huella de aquello que desaparece y los fragmentos se aproximan sin llegar a encajar por completo. Cocer, moldear, cubrir, coser, reproducir o componer se convierten en maneras de conservar, pero también de transformar. Para que algo permanezca debe abandonar, al menos parcialmente, lo que antes fue.
El gres, la porcelana, los textiles y los delicados papeles japoneses comparten una vulnerabilidad aparente. Pueden romperse, rasgarse o desaparecer; sin embargo, cuando son cuidados, también pueden atravesar el tiempo. Esa tensión entre fragilidad y resistencia recorre toda la exposición.

Los textos escritos por la propia artista para acompañar cada uno de los lotes forman parte esencial del proyecto. En ellos, Concha García reconstruye recuerdos, duda de su exactitud, regresa a los objetos y reconoce las trampas de la memoria. Palabra y materia se entretejen hasta formar un archivo necesariamente incompleto.
El viaje y el regreso al norte
El viaje amplía esta memoria íntima hacia una experiencia compartida. El mar aparece como espacio de tránsito y encuentro, pero también de separación, naufragio y pérdida. Por sus aguas han viajado personas, relatos, conocimientos, imágenes y objetos; la embarcación ha hecho posible la partida y ha sostenido sobre las olas la esperanza del regreso.
La instalación *Porque no había tiempo más que para partir cuando partimos*, realizada con hilo dorado y varillas de plata bañadas en oro, adopta la forma de una canoa de cinco metros de longitud, simula una nao entretejida con lo más preciado. Su levedad visual contradice la dureza del viaje que anuncia. Partir implica dejar algo atrás, pero también escoger qué llevamos con nosotros; transportamos historias, costumbres, voces, gestos e imágenes que cambiarán durante el trayecto sin perder por completo su esencia.
Esta pieza, junto con las obras de las series Memoria e Inventario, fue presentada en el Pabellón de España de la Bienal de Malta 2026, instalado en el Fuerte de San Telmo, en La Valeta, con la colaboración de la AECID y la Embajada de España en Malta. Ahora regresa al norte y encuentra un nuevo contexto en la Sala de Arte Robayera.
Concha García vive y trabaja en Madrid, pero parte de su vida ha permanecido ligada a Cantabria y Galicia, a sus verdes, su humedad y ese mar que unas veces se abre limpio ante la mirada y otras casi desaparece bajo la neblina. Son paisajes vividos y reconstruidos desde el recuerdo; lugares atravesados por el tiempo, los afectos y la distancia que separa lo sucedido de cuanto creemos recordar.
En palabras de Laura Cobo, comisaria de la exposición y autora de otro de los textos del catálogo, la memoria siempre llega envuelta en niebla. No elimina el pasado; lo cubre con un velo, permitiéndonos aproximarnos sin que todo regrese de golpe, sin que duela. Para Cobo, Concha García no pretende corregir esa infidelidad, sino darle un cuerpo frágil, resistente y silencioso que continúa latiendo en el presente.

La bruma funciona así como una metáfora de la memoria. Al final permanece lo que todavía se nos permite ver; una vasija, un tejido, una huella, el resto de un objeto o una forma suspendida en el espacio. Durante ese instante, lo perdido encuentra de nuevo un lugar entre nosotros.
Concha García
Nacida en Santander en 1960, Concha García vive y trabaja en Madrid. Es doctora en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid y su trayectoria se encuentra vinculada a la renovación del lenguaje escultórico, la gráfica y la obra sobre papel.
Su trabajo parte de la experiencia cotidiana y doméstica, incorporando materiales de extrema fragilidad y atendiendo a los factores emocionales que acompañan nuestra relación con los objetos. A lo largo de su carrera ha presentado exposiciones individuales en instituciones como el Museo Nacional de Artes Decorativas, el Museo Patio Herreriano, el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Santander y Cantabria (MAS) y el Museo Barjola. En 2026 presentó parte de las obras ahora reunidas en Robayera en la Bienal de Malta. Actualmente está representada por la galería Daniel Cuevas de Madrid.
Su obra forma parte, entre otras, de las colecciones del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, la Biblioteca Nacional, Calcografía Nacional, el Museo Patio Herreriano, Artium Museoa, la Colección Norte, la Colección Bragales y la Colección Fundación “la Caixa”
Fuente: Ayuntamiento de Miengo

















