“El Escaparate de la Tienda” inaugura una nueva exposición del artista Nacho Zubelzu, con dos obras englobadas bajo la denominación común “Hogares rotos”, que actúa como hilo conductor de su reflexión plástica.
La primera instalación, titulada “La Franja”, se podrá visitar del 3 al 16 de noviembre, y la segunda, bajo el título “Heridas del alma en la última cena”, del 17 al 30 de noviembre, en horario continuo.
“La Franja” representa la pared de una cocina llena de baldosas rotas y reparadas. En el centro, una fractura que muestra la silueta de la franja de Gaza, y de la que emergen manchas de sangre conformando un mapamundi. Denuncia del genocidio y esperanza de que la grieta sea reparada. Porque el arte, en palabras del artista, “puede nutrir, provocar y por qué no sanar”.
En la instalación “Heridas del alma en la última cena”, unas latas vacías recuperadas de trincheras de la Guerra Civil (¿La última cena de algún desdichado?), manipuladas y cosidas con hilo dorado, reivindican la idea de no perder la memoria para no repetir errores, y al mismo tiempo, unir las heridas y cicatrizar las fracturas. Una fotografía que representa la piel amoratada del propio artista tras la patada de un caballo es una caligrafía visual y reparadora que ensambla las heridas del papel, de la piel y del alma.
“El arte de Nacho Zubelzu une heridas, historia y esperanza compartida”
Ambas, aunque distanciadas en el tiempo, reflejan e inciden en acontecimientos bélicos de enorme brutalidad. Dos visiones artísticas con las que el artista quiere hacer hincapié en la vulnerabilidad del universo y la humanidad, no sin dejar una puerta abierta al perdón y la reparación.
“La Franja”
Zubelzu presenta una pieza de gran formato que abarca el espacio completo del escaparate. La obra, titulada “La Franja”, representa la pared de una cocina llena de baldosas rotas y reparadas. En el centro, una fractura que representa topográficamente la silueta de la franja de Gaza. Esta enorme brecha no está alicatada, sino tapada con una tela blanca, como la mortaja de los muertos. De ella emergen manchas de sangre que conforman un macabro mapamundi.
Con esta obra, el artista pretende utilizar el arte para denunciar el drama humano y el genocidio que esta parte del mundo está viviendo ante la inacción y la complicidad del resto del planeta.

La cocina ha sido, en la historia de la humanidad, símbolo de protección, de calor, de amor y de hogar. Utilizando ese simbolismo, Zubelzu ha creado una cocina rota y reparada, como lo han sido tantos conflictos mundiales a lo largo de la historia del hombre. Por eso confía en que esta grieta también se repare algún día: “Pienso que el arte puede nutrir, provocar y por qué no sanar”, apunta.
“La cultura es un campo de batalla que siempre acontece en territorio enemigo.” —Marcel Broodthaers.
“Heridas del alma en la última cena”
La segunda propuesta artística es una instalación titulada “Heridas del alma en la última cena”.
Por una parte, latas vacías recuperadas de trincheras de la Guerra Civil —fueron, quién sabe, si la última cena de algún desdichado—, ahora son, tras salvarlas de la intemperie y del olvido, objetos artísticos. Después de su utilidad primigenia y de la mano del artista, quieren representar e interpretar el código moral del ser humano.
El objeto, portador de potentes cualidades sensoriales, es manipulado y cosido con hilo dorado, haciendo alusión al kintsugi, reivindicando la idea de que es necesario no perder la memoria para así no repetir los errores y, al mismo tiempo, unir, con el dorado, las heridas y cicatrizar las fracturas.
En esta misma instalación aparece una fotografía intervenida que representa la piel amoratada del cuerpo del propio artista tras sufrir la patada de un caballo. Esta foto del tatuaje no deseado aparece rota y cosida con las crines del propio caballo. Es una caligrafía visual y reparadora que ensambla las heridas del papel, de la piel y del alma.
En esta pieza artística hay un impacto sentimental y una huella espiritual como vía de acercamiento al espectador. También se hace patente el gusto de Zubelzu por las técnicas austeras y primitivas y los procesos artesanales en su trabajo. Como el mito y el rito, que siguen siendo referencias habituales en sus obras, mirando al pasado para aprender de él.
Con todo ello, se plantea un doble mensaje: “La naturaleza hiere y cura. Quiero perdón, menos heridas, meditación y que el público reflexione”, manifiesta el artista.
“Incluso si el hombre muere y no queda nada, queda que muere.” —José Mateos.
Datos biográficos
La vida de Nacho Zubelzu, nacido en Reinosa en 1966, está marcada por su pasión por el arte y la naturaleza, que se desprende de la fascinación que le produce el entorno del Valle de Campoo, en Cantabria, España.
Se nutre de experiencias propias en las montañas cántabras para interiorizar la belleza de los elementos naturales y plasmarlos de forma plástica en pinturas, fotografías, esculturas, instalaciones de gran formato, performance y pequeñas ilustraciones.
El artista, que nunca ha trazado una línea divisoria entre pintura y escultura —más bien son ámbitos que complementa—, usa en sus obras la repetición y variación que generan secuencias en las que se aborda un análisis de las ideas, sensaciones y sentimientos.
En los últimos años, sus viajes a países africanos (Kenia y Gambia) y asiáticos (China, Mongolia, Vietnam, Nepal), o a parajes de naturaleza desbordante como el desierto de Atacama en Chile, los Andes o el Himalaya, han inspirado su obra más reciente, en la que recoge el perfil y la huella, la esencia de la naturaleza y de los seres humanos.
Traslada con su pintura a cada personaje en un viaje nómada hasta este otro mundo tan deseado. Y con sus trazos dorados en áreas abandonadas, que denomina “Orogramas”, cicatriza las fracturas de lo olvidado, de lo que el paso del tiempo ha deteriorado, devolviendo al objeto o entorno esa dignidad perdida.
Otra fuente de inspiración es la trashumancia que realiza dos veces al año con pastores nómadas de Extremadura y Andalucía, conduciendo ovejas y vacas por las cañadas españolas en busca de las dos primaveras. Ha colaborado en diversos proyectos con la Asociación Trashumancia y Naturaleza.
Fue reconocido “Mejor Artista Cántabro” en 2004 y 2019, premio otorgado por el Gobierno de Cantabria. Además, ha recibido varios galardones nacionales e internacionales: Primer Premio de Dibujo Antonio del Rincón en Guadalajara, Primer Premio de Pintura Casimiro Sainz de Reinosa, Primer Premio en el Certamen de Pintura Lino Casimiro Iborra de Santoña, Primer Premio de Dibujo Antonio Revelles de Colmenar Viejo (Madrid), Primer Premio Cabuérniga de Investigación sobre Culturas Rurales de Cabezón de la Sal.
Fue finalista en la II Bienal Internacional de Dibujo José Amat en Girona y obtuvo Mención de Honor en el Premio Caja España de Pintura, entre otros. En 2016 recibió el segundo premio del Concurso de Artes Plásticas del Gobierno de Cantabria.
Ha ilustrado varias publicaciones de naturaleza y ha impartido cursos de Dibujo de Naturaleza en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, en las sedes de Santander y Sevilla. En estos cursos indaga en la estética del entorno natural a través de la creación de Cuadernos de Campo, en los que los alumnos ponen en práctica la improvisación de técnicas y materiales para desarrollar un dibujo naturalista personal y exclusivo. Lleva a cabo los talleres de dibujo también en Gambia y en Kenia.
Su obra se ha expuesto en varios lugares del mundo, entre ellos los Institutos Cervantes de Beijing y Tokio, en galerías de arte y museos, además de en ferias de arte contemporáneo como Art Beijing, Luxembourg Art Fair, Setup Art Fair de Bolonia, Affordable Art Fair Milán, JustMad, JustLX Lisboa Contemporary Art Fair, Drawing Room Madrid, Art Madrid o ArtLibris en ARCO.
Durante sus viajes a Oriente, expuso en la galería WhiteBox, en el distrito de arte 798 de Beijing, y formó parte del Primer Simposio Internacional de Escultura en la ciudad de Tangshan. Visitó Mongolia y Vietnam para captar en sus obras de arte la esencia más ancestral de los pueblos nómadas. Sus proyectos artísticos se han completado con composiciones en Chile, Argentina y Brasil.
Tiene obra en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid, en el Museo de Bellas Artes de Santander, en el Museo Antonio López de Tomelloso, en la Diputación Provincial de Guadalajara, en el Ayuntamiento de Colmenar Viejo y en la sede del Gobierno de Cantabria.
Actualmente trabaja con las galerías Tamara Kreisler de Madrid, Metro de Santiago de Compostela, Exhibit-Lab de Santander y Fontanar de Segovia. Próximamente participará en la Feria FIG de Bilbao, realizará en enero una exposición individual en la Galería Tamara Kreisler de Madrid y su obra se presentará también en Art Madrid.



















